El Ejecutivo Tancredo


El Tancredo, así recibía este nombre la también llamada “suerte del pedestal”, una especie de lance taurino invención de un zapatero valenciano llamado Tancredo López. Este hombre, basándose en la teoría de que los toros no embisten si no son hostigados, ni arremeten contra personas inmóviles, ideó un espectáculo que consistía en esperar al bravo animal a la salida del toril, vestido de blanco (normalmente de época) y con la cara igualmente empolvada de blanco, simulando una estatua, sobre un pedestal igualmente blanco. El mérito (que no es poco) de este espectáculo, consistía única y exclusivamente en mimetizarse dentro del ruedo, quedarse completamente quieto y dejar pasar el peligro en forma de toro bravo

Tancredo López comenzó este espectáculo como un medio de ganar dinero a finales del siglo XIX. Tal fue el éxito que, poco a poco fue extendiéndose, por lo que el “Tancredo” era “interpretado”, normalmente por personas desesperadas con la idea de conseguir dinero sin “hacer nada” más que quedarse quieto.

El problema era que no siempre mantenerse impasible garantizaba que el toro no embestiría. De hecho, fueron bastantes los desafortunados Tancredos zarandeados y corneados a pesar de haber permanecido muy muy quietos. Como apunte histórico comentar que el Tancredo se prohibió en 1908, pero se repitió alguna vez con posterioridad.

Con esta descripción del famoso lance taurino y el encabezado es fácil adivinar el desarrollo de este post. Si realizamos una rápida alegoría del toro y el Tancredo, al primero lo denominaremos “Situación Actual” y en el pedestal pondremos a algunos ejecutivos y mandos intermedios que hoy participan en el liderazgo de las compañías. Por desgracia, últimamente es bastante habitual la figura del ejecutivo Tancredo, es decir aquel que prefiere no hacer nada, se queda muy quieto esperando que los problemas pasen sin afectarles y se mimetiza adecuadamente en el entorno de la empresa (vamos, que hace lo posible para no ser visto).

Contrariamente a esta actitud, cada vez es más y más importante afrontar un contexto económico y empresarial tan duro (o bravo si seguimos con la alegoría) como el actual, con grandes dosis de innovación, con cambios en las organizaciones que fomenten la comunicación y la generación de ideas de forma dinámica, con más pasión y ahínco que nunca. Es imprescindible invertir, en talento y tecnología, sin ignorar o dar la espalda a los cambios tan profundos que está habiendo en la sociedad y en como ésta se relaciona de forma extraordinariamente rápida, más bien viral. Es fundamental aceptar que los cambios en la forma de gestionar las compañías no es algo que llegará, sino que ya ha llegado y que lo mejor es liderarlo desde dentro, desde nuestras filas y con valentía, aún a costa de que podamos salir algo perjudicados.

En mi opinión, no se están llevando a cabo cambios importantes en las organizaciones, por la propia consecuencia del cambio en sí mismo, es decir, el riesgo, que por mínimo que sea, existe.

No cabe duda que el factor económico (falta de liquidez, acceso al crédito, morosidad, etc.) es el factor principal que obliga a mantener una actitud más conservadora (incluso de supervivencia), pero no son en esas organizaciones donde existen los “Ejecutivos Tancredos”, sino en aquellas, donde la maquinaria funciona, está engrasada adecuadamente, pero en la mayoría de los casos es obsoleta e inapropiada, especialmente de cara a los próximos 5 años.

Por desgracia y desde mi punto de vista, la situación que estamos viviendo tiene más de estructural que de coyuntural (especialmente en nuestro país), ya que debemos cambiar los modelos productivos, lo que no se puede hacer de la noche a la mañana. Por tanto, mantener una actitud de Tancredo durante tanto tiempo no es correcta, ya que el toro seguirá merodeándo alrededor nuestro y tarde o temprano nos descubrirá. ¿La solución?, posiblemente, bajar del pedestal, quitarse el maquillaje de camuflaje y enfrentarse al toro con las mejores armas que siempre se han tenido en las empresas, la innovación como capote y el cambio por montera.

 

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One Response to “El Ejecutivo Tancredo”

  1. Antonio dice:

    Estoy de acuerdo con tu artículo, creo que lo peor en estos tiempos es no hacer nada esperando que pase la crisis. Antes o después el toro te descubrirá y más vale que te pille preparado para torear o lo vas a pasar mal.

    Si la cultura de la empresa te hace dificil introducir cambios, hay que mirar en otro lugar e ir construyendo un plan B para cuando lo podamos necesitar.

    Una vez que el plan B sea suficientemente sólido podemos arriesgar más en la empresa y si nuestras propuestas no son comprendidas y tenemos que abandonar el barco tendremos un lugar donde comenzar pero NO desde cero.

    Si el plan B ya es viable, puede ser un buen momento para no perder el tiempo en una organización que ha dejado de innovar y desarrollar nuestra pasión en el plan B

    Si nuestra organización conoce el plan B, es compatible y además tiene reputación, puede jugar a nuestro favor a la hora de promover cambios en dicha organización o ser considerado un empleado con más poder de influencia. En este caso el plan B será nuestro branding o respaldo.

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